Mi propósito

Desestigmatizar esta enfermedad

Toda aquella persona que haya tenido que pasar por un profundo proceso de transformación personal, sabrá que todo comienza cuando empiezas a mirar hacia dentro. Aprendes a observarte, a conocerte, a desenredar la compleja trama que tus experiencias pasadas han dejado en ti. Comprendes que tú eres el responsable de crear la realidad que experimentas; que no es nadie más que tú quien tiene, no solo la libertad, sino, por encima de todo, la responsabilidad de completar aquello que te falta y generar aquello que anhelas. Comprendes, también, que nadie te dará lo que primero no hayas aprendido a darte a ti mismo. Surge, así, inevitablemente, un cambio de conciencia. Allí donde una vez tan solo hubo oscuridad y aislamiento, ahora hay visión, compromiso y conexión con el mundo que te rodea y en el que estás inmerso.

Con todo ello, necesitas aportar valor en el mundo en el que vives, necesitas ofrecer esa pequeña parte que le corresponde a tu parcela individual de responsabilidad grupal.

Por este motivo mi objetivo es dar a conocer la realidad de las personas que sufren una adicción y la de sus familias. No somos realmente conscientes de la gran cantidad de individuos que tienen un grave problema y, o viven en un estado de negación, o se encuentran escondidos detrás de las mentiras. Y es que muchas de las formas que puede tomar una adicción, están, en primer lugar, aceptadas y, en segundo, son hasta propiciadas y premiadas por nuestra sociedad actual. Desde las compras compulsivas, pasando por el juego, el sexo y, las sustancia por antonomasia, el alcohol.

Muchas familias, por mantener una cierta imagen o estatus, se avergüenzan de la situación en la que se encuentra su ser querido y no se atreven a hablar de ello y menos a buscar ayuda. Todo ello es debido a la imagen estigmatizada que aún sigue teniendo el adicto. La adicción no se ve como una enfermedad, sino como una especie de elección, de vicio, de debilidad de carácter, o hasta de una situación fruto de la pobreza o de la falta de educación. Mi deseo es dar a conocer la verdad que subyace a esta situación que, nada más lejos de la realidad, es todo lo opuesto a las creencias de la mayoría. Sufrir de una adicción no entiende de clase social, ni de sexo, ni de nivel educativo o económico. 

Aunque sí es cierto que hay unos factores la combinación de los cuales determina que se genere la adicción, y, éstos no son iguales para todos nosotros,  no deja de ser una realidad que a cualquiera puede alcanzar.

A lo largo de mi camino he podido vivir de muy cerca como el consumo de drogas acaba en muerte por sobredosis, o en quedarse sin recursos y verse obligado a vivir en la calle, en perderlo y destrozarlo absolutamente todo, incluída la familia. Por este motivo considero que es de vital importancia poder intervenir lo antes posible.

Deseo de todo corazón poder transmitir  fuerza, energía e inspiración a otras personas. Siempre se pueden recuperar las ganas de vivir.